martes, 14 de febrero de 2017

Cena en la cama

Ay, déjame, ahora no le decía yo, tratando de sonar irritada, agitando los brazos, sin soltar la cuchara de madera que agarraba con mi mano izquierda y la sartén que sujetaba con la otra, que tenía al fuego, chisporroteando.
Él se me pegaba a mí por detrás, abrazándome con fuerza y presionando su paquete contra mis nalgas, que yo notaba cómo comenzaba a endurecerse enseguida.
―Anda, dame solo un poco replicaba él, hurgándome en el escote, tironeándome de las solapas, poniendo esa vocecilla como de niño mimado y caprichoso.
Yo llevaba puesta una bata de seda de color celeste, muy claro, y, debajo, unas bragas de encaje blancas. No me había puesto sujetador aposta, pues ese había sido nuestro acuerdo.