Grushenka

Tras mantener una pequeña conversación con una chica en twitter acerca de la literatura erótica, un género en el que no me considero fan en absoluto, me sugirió que leyera Grushenka, un libro de un autor ruso anónimo. Me encantó. Y no sólo por la narración, que está bastante cuidada, y por la carga erótica de las escenas, que es muy alta, sino también porque nos ofrece una imagen, yo diría que bastante precisa, de la "psicología erótica rusa".
Grushenka, el personaje de esta historia, pasa, desde muy pequeña, por infinidad de vicisitudes. Se ve desde muy pronto tratada como una mercancía, primero siendo usada como doble de una princesa que no desea pasar por las molestias de probarse sus vestidos en el sastre, y, más tarde, yendo de prostíbulo en prostíbulo al servicio de sus madamas y propietarios. Resultan especialmente excitantes esas escenas en las que la chica es manipulada como un mero maniquí, en las que se escudriña todos sus recovecos a expensas totalmente de su voluntad. Ella, simplemente, obedece; y no cabría esperar por parte de ella muchas otras reacciones, pues era constantemente azotada y castigada físicamente por sus amos a la más mínima señal de rebelión. Aunque, con los años, y con la experiencia, Grushenka va labrándose su futuro, siempre gracias a su cuerpo, y consigue, mal que bien, ir dependiendo poco a poco más de sí misma.
Grushenka está considerado, entre los aficionados a la literatura erótica, como uno de los libros más misteriosos de la historia del erotismo, pues se desconoce realmente su origen. Sigue siendo hoy en día un enigma para los estudiosos en la materia. No obstante, sigues estando considerado como uno de los clásicos del género. Dije algo más atrás que no me considero en absoluto fan de la literatura erótica, pues, en la mayoría de los casos, me aburro. Grushenka es una de mis excepciones.

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